Yo sé que tú escribes. Desde el día en que te miré, sabía que escribías. Te habría pasado por alto. Podrías darme igual ahora. Es increíble cómo podemos crear belleza, cómo podemos descubrirla en alguien cerrado como una cueva, cuando se nos abre, cuando te abres. Es una ilusión tan anestésica, tan calmant
e y alcohólica. Siento que me estás abriendo un mundo, un país, una historia escrita en caracteres que yo no puedo entender. Y tú me la cuentas cada día de una manera, cada día mejor, en una deliciosa escala hasta que no puedes entenderla y te callas. Y yo, que empezaba a hablar tu lengua, olvido las letras y las formas y me caigo, reboto y te busco, sin querer, cómo un peregrino que intenta encontrar el camino arrastrado por la lluvia. La cueva cada vez es más grande, por eso cada vez, busco más dentro, sedienta, sin saber si en verdad me gusta lo que encuentro.
jueves, 6 de junio de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
Saharabbey
Cómo calma comer
Cuando tienes hambre
Beber
Cuando tienes sed
Dormir
Cuando tienes sueño
Hablar
Cuando tienes con quien
Cómo calma besar
Cuando tienes ganas
Cuando le tienes ganas
Qué bonito tener ganas
Qué bonito poder calmarse
Curarse
Cómo calma el mar
Cuando el sol abrasa
Cómo calma la música
Cuando te enfadas
Y cómo calma llorar
Sin esconderse
Con lo bonito que es
Que salga agua de los ojos.
lunes, 22 de abril de 2013
Hogueras
Era una noche que casi era una mañana. La mezcla del alcohol
con el sueño te había dejado muy lejos de mí. Resbalábamos por las calles
mientras yo tiraba de ti, suplicando a las paredes que nos absorbiesen y nos
resguardaran del frío. No recuerdo cómo me desnudé tan rápido; tú te hundiste
en la cama. Me quedé muy cerca de ti, se me cerraban los ojos pero me a apoyaba
con el codo en la almohada para seguir incorporada. Tus brazos rodeaban mi
cadera como si fuera lo único que te atase a este mundo mientras una arruga en
tu frente delataba las ganas que tenía tu mente de desaparecer. Entonces fue la
primera vez que te hablé de él. Quise traerte de vuelta, o más bien, que te
quedaras conmigo. Describí hasta el más pequeño de sus detalles: cómo roza la
arena en la piel, como te acaricia con todo su calor, la forma en que la besa
el agua, todos los colores que hace en la orilla y a lo largo del día. Te conté
cómo era cada luz en cada hora, la temperatura del agua en cada parte del
cuerpo mientras caminas en azul. Te acariciaba el pelo como si con eso pudiese
hacerte sentir el viento que sopla y que sabe más que huele. Yo pintaba una y
otra vez el mismo cuadro; repetía la descripción, hasta la saciedad, hasta que
mi voz erosionase tu cuerpo igual que el océano erosiona las rocas y las
madrigueras. Y sin querer, mis ojos estaban derramando las lágrimas más saladas
que yo había sentido, como si hubieran comprendido lo que faltaba para
transportarnos a los dos, anhelando nadar en esa agua. Y tu boca también lo
entendió. Tu boca, ajena al cuerpo y a la piel, a las sábanas y a esta ciudad
sin mar, pronunció las palabras más puntiagudas, más flechas, más balas. Y tan
lejos como estabas, de repente, te metiste dentro de mí, hasta lo más profundo,
me desnudaste diciendo ¿qué te han hecho? Nómada, ¿qué te han hecho?
martes, 9 de abril de 2013
Luego tiemblo
Había días en que no quería enseñar nada de mí misma, quería
que si alguien me encontrara y de verdad se quedara, investigara, me desnudara,
que así fuese descubriendo todo lo que yo era, la inmensidad y la complejidad,
y que ese fuese mi regalo, por haberse quedado. Pero otros días, quería enseñar
todo, salir, sacar, sacarme, ofrecerme. Para que alguien me encontrara, para
que alguien me viera y dijera: esto es lo que yo estaba buscando. Y que la
complejidad no le asustase. Y que, igual, se quedara.
sábado, 23 de marzo de 2013
Como un impulso eléctrico
El grupo emocionó Madrid. El otro día leí eso en un artículo refiriéndose a un concierto. Pensé en lo grande que habría podido ser ese concierto. Es una expresión bastante normal y que, sin embargo, encierra algo muy importante. Ese grupo con esa música había de verdad emocionado la ciudad, la había trastocado. Estoy segura que durante esas dos cortísimas horas toda la ciudad había temblado; que con la melodía había sacudido sus calles. No emocionó solo a la gente, emocionó las paredes, las farolas, los bancos, hizo mover, llover, llorar y todas las cosas que le pueden pasar a una ciudad.
jueves, 14 de marzo de 2013
Pintar otra vez esta habitación
Es frecuente que nos pregunten por nuestra
comida favorita. O que elijamos un grupo preferido, una canción, un disco, un
género. Un color, un número, un país, una ciudad, un idioma. Una foto.
Yo no sé qué tengo en contra de los unos. Puede ser
que los miro y me parecen demasiado tristes, demasiado solos,
incompletos.
En mi pared hay treinta fotos. En la primera pared
en donde he puesto fotos fuera de mi casa. Hay treinta y mucha gente cuando las
ve, me dice, por qué pones tantas; y yo nunca les digo que en verdad tengo que
imprimir cien o doscientas más. Y cada año ese número aumenta.
No puedo elegir una canción ni una comida ni un
tipo de música, no se me da bien elegir. Pero sí puedo decir que no me gustaría
que me describieran con pocas palabras, que no quiero ver mi vida en pocas
fotos, que no quiero escuchar una canción más que ninguna otra.
Todo lo que elijo me define y yo elijo que hagan
falta millones de letras para saber como soy, moldeadas por cada boca, por cada
persona con quien rozo el aire, con quien hablo en cualquier lengua o con quien
no hablo. Y mientras más me acerque, nacerán más y más palabras de esas mentes
que se atan a mí. Y cada canción será preferida en un momento y un lugar.
Eso son las fotos de mi pared: canciones y palabras
que un día elegí y se condensaron para mí. Y cada vez que las miro, puedo
volver a cada uno de esos momentos y leer esas letras, lo que dicen de mí. Me
recuerdan quién soy, adónde fui y por qué. Y también por qué no fui, o por qué
no miré ni leí. A veces en las fotos no hay personas, otras hay demasiadas
personas, en otras, incluso, hay personas que no querrían estar ahí o que yo no
quisiera que estuvieran ahí. Pero son mis elecciones, todas. A veces se
repiten, salen las mismas personas o los mismos lugares.
lunes, 18 de febrero de 2013
La luz que nos engaña al pasar
A la gente le encantan las cosas que son para siempre: encontrar el trabajo, la casa, los amigos, el amor de tu vida y que se quede todo ese tiempo. Reconozco que pensarlo produce cierto placer, una punzada entre el estómago y las costillas, una sonrisa nerviosa. Muchas veces, antes de dormir, obligo a mi cerebro a pensar en cosas de este tipo, para así dormirme dulcemente.
Sin embargo, a la gente también le dan miedo las cosas que son para siempre, sobre todo mientras más vida les queda por delante, mientras están en su edad más inmortal. Y hay una tendencia catastróficamente terrible al pensamiento de no atadura, precisamente por esta idea siempre fluctuante entre amor y odio hacia lo permanente. Esta inclinación hacia vivir rápido, pasar deprisa, cambiar, cambiar, cambiar, forzar el cambio es tan autodestructiva como lo sería, irónicamente, cualquier enlace inmutable entre las personas. Porque cuando se fuerza el cambio, la transición, el aire o el mar, se mutila la libertad que hay dentro de ellos.
Como una hoz, esa gente que se empeña en no atarse, en no complicarse, en vivir sin preocupaciones, sin lágrimas, esa gente decapita todo lo bonito que hay en la improvisación, en el dejarse llevar. Cuando dos personas se encuentran, puede que después y también antes de que encuentren a otras personas, su unión es fruto de miles de casualidades, una infinidad sagrada de conjunciones, minutos, dudas, renuncias, búsquedas. Y es tan horrible cómo, desde el indefenso comienzo, algunas personas se empeñan en "dejar claro" que no es nada serio, que no quieren ir más allá, que no se van a enamorar. Como si no pudieras enamorarte todos los días y desenamorarte todas las semanas, como si cualquier sentimiento fuese eterno, como si cualquier acción pudiese prolongarse en el tiempo. Esas personas son las que más lento viven, lento en el sentido de flojo. Porque cuando dicen esas palabras están tan felices que se asustan y piensan en el mañana en vez de en el ahora. Porque no saben cómo enamorarse solo en una noche, solo con una piel, ni siquiera pueden concebirlo. Y cuando dicen solo esas inofensivas letras una cascada de lava ardiendo quema la magia, lo quema todo.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Su mal humor
Siempre me han dicho: "deja el listón alto". Me lo ha dicho mucha gente, personas importantes, incluso, muy importantes. Pon el listón alto, no dejes que te infravalores, no vayas tú sin que antes no haya ido él. Pero, ¿y si a él, la gente que él quiere, su gente importante, le han dicho lo mismo? ¿Qué pasaría si todos actuásemos bajo ese mismo principio? ¿Nos quedaríamos siempre insatisfechos? ¿O siempre solos? O lo que es peor: no estar solo pero sentirse solo. Eso es lo que puede pasar cuando nuestros principios nos traspasan. O, debería decir, atraviesan.
Cuando no sabes lo que tienes que hacer, es porque, en verdad, no es que "tengas" que hacer algo. Hay que querer lo que se tiene que hacer, hay que querer lo que tienes que hacer, lo que vas a hacer, lo que haces. Lo difícil es saber lo que quieres.
domingo, 27 de enero de 2013
Ya no ve mañanas
No me enteré de lo que era sentirse sola hasta que no estuve rodeada de gente que me daba abrazos de humo. Hasta que me di cuenta de que no podía ir a buscar a nadie, ni siquiera a la gente que no suele estar para mí, ni siquiera a aquellos que no saben cómo ayudarme a veces y me dicen que no le dé más vueltas a las cosas, ni siquiera con los que me enfado porque creo que me olvidan. No supe lo que era la soledad hasta que mi cuerpo me pedía hacer cosas que jamás hubiera hecho con tal de no romperme y no tener a dónde ir a curarme, ni con quién. Sentirse sola es tener miedo a sentir, porque si sientes corres el riesgo de enfrentar cualquier matiz de emoción y si, casualmente, un día es mala, es peligrosa, demoledora, castigadora, acabas en una habitación demasiado grande, lejos de cualquier piel o bálsamo, con todo el dolor en los dientes. Sentirse sola es dejar que te estrujen contra la cama y esperar.
domingo, 20 de enero de 2013
Somos dos enfermos
"Somos dos enfermos que se curan con los besos que no nos estamos dando". Pero no sé si te los tengo que dar yo. O quién. Que alguien te cure porque yo no puedo seguir curándonos a los dos. Y sin ni siquiera saber si te está sirviendo. Una vez quisiste vaciarte y te pasaste, se te fue de las manos. Y ahora cada vez tienes menos dentro, te estás rompiendo, y me estás rompiendo. Me encantaría saber qué necesitas pero me da miedo descubrir que no necesitas nada ni a nadie, porque eso solo implica destrucción. Estoy viendo cómo desapareces.
sábado, 19 de enero de 2013
A kiss with a fist is better than none
"Yo quiero dejar huella en la gente". Eso me lo dijo alguien que, como yo, se había ido de su ciudad, de su casa, llena de sus huellas; de su gente, repleta de huellas. Todas las cosas hay que verlas, al menos, dos veces. Una al momento, al instante en la que te cruzas con ellas, y una segunda vez, cuando se han metido en tu cabeza y las ves más cerca, o más dentro. Con las palabras no es distinto. Cuando entendí esta frase la segunda vez, cuando la metí dentro, me di cuenta de lo grande que era. Dejar huella. La huella es la única parte del cuerpo que demuestra que eres tú, objetiva y directamente. Abiertamente. Nadie puede negarlo. Todas esas líneas casi invisibles de los dedos, los surcos de la piel, tienen una combinación única. Y él se la quería dejar a alguien. A todos, incluso. Marcar a la gente de forma que sean menos ellos y más él. Pintarlos de otro color, hacerles un tatuaje.
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