lunes, 22 de abril de 2013

Hogueras




Era una noche que casi era una mañana. La mezcla del alcohol con el sueño te había dejado muy lejos de mí. Resbalábamos por las calles mientras yo tiraba de ti, suplicando a las paredes que nos absorbiesen y nos resguardaran del frío. No recuerdo cómo me desnudé tan rápido; tú te hundiste en la cama. Me quedé muy cerca de ti, se me cerraban los ojos pero me a apoyaba con el codo en la almohada para seguir incorporada. Tus brazos rodeaban mi cadera como si fuera lo único que te atase a este mundo mientras una arruga en tu frente delataba las ganas que tenía tu mente de desaparecer. Entonces fue la primera vez que te hablé de él. Quise traerte de vuelta, o más bien, que te quedaras conmigo. Describí hasta el más pequeño de sus detalles: cómo roza la arena en la piel, como te acaricia con todo su calor, la forma en que la besa el agua, todos los colores que hace en la orilla y a lo largo del día. Te conté cómo era cada luz en cada hora, la temperatura del agua en cada parte del cuerpo mientras caminas en azul. Te acariciaba el pelo como si con eso pudiese hacerte sentir el viento que sopla y que sabe más que huele. Yo pintaba una y otra vez el mismo cuadro; repetía la descripción, hasta la saciedad, hasta que mi voz erosionase tu cuerpo igual que el océano erosiona las rocas y las madrigueras. Y sin querer, mis ojos estaban derramando las lágrimas más saladas que yo había sentido, como si hubieran comprendido lo que faltaba para transportarnos a los dos, anhelando nadar en esa agua. Y tu boca también lo entendió. Tu boca, ajena al cuerpo y a la piel, a las sábanas y a esta ciudad sin mar, pronunció las palabras más puntiagudas, más flechas, más balas. Y tan lejos como estabas, de repente, te metiste dentro de mí, hasta lo más profundo, me desnudaste diciendo ¿qué te han hecho? Nómada, ¿qué te han hecho?

martes, 9 de abril de 2013

Luego tiemblo




Había días en que no quería enseñar nada de mí misma, quería que si alguien me encontrara y de verdad se quedara, investigara, me desnudara, que así fuese descubriendo todo lo que yo era, la inmensidad y la complejidad, y que ese fuese mi regalo, por haberse quedado. Pero otros días, quería enseñar todo, salir, sacar, sacarme, ofrecerme. Para que alguien me encontrara, para que alguien me viera y dijera: esto es lo que yo estaba buscando. Y que la complejidad no le asustase. Y que, igual, se quedara.