Había días en que no quería enseñar nada de mí misma, quería
que si alguien me encontrara y de verdad se quedara, investigara, me desnudara,
que así fuese descubriendo todo lo que yo era, la inmensidad y la complejidad,
y que ese fuese mi regalo, por haberse quedado. Pero otros días, quería enseñar
todo, salir, sacar, sacarme, ofrecerme. Para que alguien me encontrara, para
que alguien me viera y dijera: esto es lo que yo estaba buscando. Y que la
complejidad no le asustase. Y que, igual, se quedara.
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