sábado, 23 de marzo de 2013

Como un impulso eléctrico




El grupo emocionó Madrid. El otro día leí eso en un artículo refiriéndose a un concierto. Pensé en lo grande que habría podido ser ese concierto. Es una expresión bastante normal y que, sin embargo, encierra algo muy importante. Ese grupo con esa música había de verdad emocionado la ciudad, la había trastocado. Estoy segura que durante esas dos cortísimas horas toda la ciudad había temblado; que con la melodía había sacudido sus calles. No emocionó solo a la gente, emocionó las paredes, las farolas, los bancos, hizo mover, llover, llorar y todas las cosas que le pueden pasar a una ciudad. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Pintar otra vez esta habitación





Es frecuente que nos pregunten por nuestra comida favorita. O que elijamos un grupo preferido, una canción, un disco, un género. Un color, un número, un país, una ciudad, un idioma. Una foto. 
Yo no sé qué tengo en contra de los unos. Puede ser que los miro y me parecen demasiado tristes, demasiado solos, incompletos. 
En mi pared hay treinta fotos. En la primera pared en donde he puesto fotos fuera de mi casa. Hay treinta y mucha gente cuando las ve, me dice, por qué pones tantas; y yo nunca les digo que en verdad tengo que imprimir cien o doscientas más. Y cada año ese número aumenta. 
No puedo elegir una canción ni una comida ni un tipo de música, no se me da bien elegir. Pero sí puedo decir que no me gustaría que me describieran con pocas palabras, que no quiero ver mi vida en pocas fotos, que no quiero escuchar una canción más que ninguna otra.
Todo lo que elijo me define y yo elijo que hagan falta millones de letras para saber como soy, moldeadas por cada boca, por cada persona con quien rozo el aire, con quien hablo en cualquier lengua o con quien no hablo. Y mientras más me acerque, nacerán más y más palabras de esas mentes que se atan a mí. Y cada canción será preferida en un momento y un lugar. 
Eso son las fotos de mi pared: canciones y palabras que un día elegí y se condensaron para mí. Y cada vez que las miro, puedo volver a cada uno de esos momentos y leer esas letras, lo que dicen de mí. Me recuerdan quién soy, adónde fui y por qué. Y también por qué no fui, o por qué no miré ni leí. A veces en las fotos no hay personas, otras hay demasiadas personas, en otras, incluso, hay personas que no querrían estar ahí o que yo no quisiera que estuvieran ahí. Pero son mis elecciones, todas. A veces se repiten, salen las mismas personas o los mismos lugares.