Hice este blog porque mi tía me dijo que escribiera. Me dijo que escribía muy bien, y ella solo había visto mis fotografías. Por eso lo hice, porque en mis fotos ya se veían las palabras asomar, se veía la urgencia y la necesidad de escribir. No sé por qué lo dejé, pero me parecía que la cámara remplazaba y completaba muchas cosas que las letras no podían lograr. Cuando fotografías algo, escribes un libro de eso. Y no un libro precisamente fino. Pero ese libro solo tú lo puedes leer, en tu cabeza o en tus ojos, aunque sin hablar. Y como estás impedido de decir algo, lo que sea, cada vez que ves una fotografía el libro se reescribe sin fin. Además, en cada palabra del libro hay colores, casas, árboles, pieles y bocas. Y tú eternamente vas cambiando esas palabras cada vez que miras la fotografía, palabras que nunca podrán ser escritas en un papel ni con un bolígrafo, y por eso, cualquier persona que sepa leerlas, necesitará en algún momento, sentarse a escribir, lo que sea. Como una forma de terminar la fotografía, de completarla o de imitarla, incluso, a veces, de estropearla. Pero, evidentemente, mi tía solo me dijo que escribiera.
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